Un cuento policial
EN LA PERFUMERÍA
Un
hombre, más bien bajo, gordo, de poco cabello entrecano, entro en la
perfumería.
Lo
tendió Daniel, que como siempre, una sonrisa mostraba su perfil de persona
positiva.
Entablaron la conversación referida al perfume más adecuado a su personalidad. El hombre confesó que era separado y estaba
en conociendo a una joven veinte años menos que él. Daniela, lo
miró con sus ojos negros tratando de adivinar qué clase de persona era el cliente.
Patricia, su compañera, escuchaba con atención la conversación. Una sonrisa
escapó de sus labios al descubrir el proyecto de conquista del hombre bajo. Daniela, se dio cuenta de la
circunstancia y aprovechó para seguirla la corriente. Ahora le sugería un
perfume diciéndole que este era especial para sus propósitos de conquista. En
realidad, el aroma que salía de la pequeña botella era espantoso. Patricia no
aguantó más la risa y dejando de acomodar uno de los anaqueles, casi trotando
se dirigió al fondo del negocio soltando una carcajada queriendo disimular con
pequeñas tose-citas. Menos mal que Daniela siempre estaba sonriente, pero por
dentro se moría por acompañar a su compañera en la risotada. El cliente
preguntó el precio y la financiación prometiendo volver la siguiente semana. El
hombre no alcanzó a salir del negocio, cuando las dos empleadas estallaron en
una carcajada. Solo dejaron de hacerlo, cuando entró una clienta para comprar
un lápiz labial. Por la tarde, apenas Daniela abrió el negocio, notó la
presencia del hombre bajo en la vereda de enfrente del negocio, que la
observaba a través del reflejo de la vidriera del comercio de venta de ropas.
En un primer momento le llamó la atención la actitud
del hombre. Luego, continuó con sus tareas olvidando lo sucedido. Al
otro día y así todas las tardes, durante un mes, la presencia del hombre calvo se
reflejaba en la vidriera del negocio de enfrente.
Daniela le comentó a su compañera Patricia. Decidieron cambiar los turnos
para abrir la perfumería por la tarde. Resultó exactamente igual.
En el periódico de hoy, mostraba en primera plana, la foto de un bulto tapado con una especie de lona dentro
de la perfumería. La nota debajo de la foto decía:
Se encontró un cadáver de mujer
en un negocio del centro. Más información en policiales.
Varias páginas en la sección especializada explicaban y hacían conjeturas
algunos entrevistados. Entre ellas, la dueña del local que encontró minutos
después de nueve de la mañana a su empleada Daniela Izonte tirada y muerta
detrás de uno de los mostradores. El hombre bajo y calvo, veía las noticias en
su computadora mientras tomaba un café en una confitería. Lo que no sabía, era
que Daniela conservaba en su celular varias fotos que había tomado, mostrando
al hombre observándola a través del reflejo de la vidriera del negocio del otro
lado de la calle. Por otro lado, los policías estudiaban la carta que Patricia
había dejado a sus padres el día
anterior al hecho, en dónde haciendo alusión que se iba con su gran amor a
vivir juntos en otro país. Que no le importaba la diferencia de edad ni la baja
estatura del hombre.
Ahora, los investigadores buscan a una pareja integrada por Patricia Cariló
y un hombre de baja estatura acusados por el crimen de Daniela Izonte.
Rodolfo Martín Bunge
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