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martes, 31 de diciembre de 2013





Un cuento policial


EN  LA PERFUMERÍA


Un hombre, más bien bajo, gordo, de poco cabello entrecano, entro en la perfumería.
Lo tendió Daniel, que como siempre, una sonrisa mostraba su perfil de persona positiva.
Entablaron la conversación referida al perfume más adecuado a su personalidad.  El hombre confesó que era separado y estaba en conociendo a una joven veinte años menos que él. Daniela, lo miró con sus ojos negros tratando de adivinar qué clase de persona era el cliente. Patricia, su compañera, escuchaba con atención la conversación. Una sonrisa escapó de sus labios al descubrir el proyecto de conquista  del hombre bajo. Daniela, se dio cuenta de la circunstancia y aprovechó para seguirla la corriente. Ahora le sugería un perfume diciéndole que este era especial para sus propósitos de conquista. En realidad, el aroma que salía de la pequeña botella era espantoso. Patricia no aguantó más la risa y dejando de acomodar uno de los anaqueles, casi trotando se dirigió al fondo del negocio soltando una carcajada queriendo disimular con pequeñas tose-citas. Menos mal que Daniela siempre estaba sonriente, pero por dentro se moría por acompañar a su compañera en la risotada. El cliente preguntó el precio y la financiación prometiendo volver la siguiente semana. El hombre no alcanzó a salir del negocio, cuando las dos empleadas estallaron en una carcajada. Solo dejaron de hacerlo, cuando entró una clienta para comprar un lápiz labial. Por la tarde, apenas Daniela abrió el negocio, notó la presencia del hombre bajo en la vereda de enfrente del negocio, que la observaba a través del reflejo de la vidriera del comercio de venta de ropas. En un primer momento le llamó la atención  la actitud  del hombre. Luego, continuó con sus tareas olvidando lo sucedido. Al otro día y así todas las tardes, durante un mes, la presencia del hombre calvo se reflejaba en la vidriera del negocio de enfrente.
Daniela le comentó a su compañera Patricia. Decidieron cambiar los turnos para abrir la perfumería por la tarde. Resultó exactamente igual.
En el periódico de hoy, mostraba en primera plana, la foto de un  bulto tapado con una especie de lona dentro de la perfumería. La nota debajo de la foto decía:
Se encontró un cadáver de mujer en un negocio del centro. Más información en policiales. 
Varias páginas en la sección especializada explicaban y hacían conjeturas algunos entrevistados. Entre ellas, la dueña del local que encontró minutos después de nueve de la mañana a su empleada Daniela Izonte tirada y muerta detrás de uno de los mostradores. El hombre bajo y calvo, veía las noticias en su computadora mientras tomaba un café en una confitería. Lo que no sabía, era que Daniela conservaba en su celular varias fotos que había tomado, mostrando al hombre observándola a través del reflejo de la vidriera del negocio del otro lado de la calle. Por otro lado, los policías estudiaban la carta que Patricia había dejado a sus padres  el día anterior al hecho, en dónde haciendo alusión que se iba con su gran amor a vivir juntos en otro país. Que no le importaba la diferencia de edad ni la baja estatura del hombre.
Ahora, los investigadores buscan a una pareja integrada por Patricia Cariló y un hombre de baja estatura acusados por el crimen de Daniela Izonte.

                                                                                          Rodolfo Martín Bunge

jueves, 24 de enero de 2013

Un cuento de terror


SUEÑOS DE TERROR  COMPARTIDOS


Todas ellas se juntaron para matar a Leo. Alguien las adiestró para que atacasen sin piedad. Comenzaron a salir de todos los rincones de la habitación. Eran gigantes, tan grandes como la mano de un hachero.  Se pararon  rodeando el cuerpo. Leo estaba atado por sus miembros con unas correas sujetas a las paredes del cuarto. Tenía tapada la boca y solo se escuchaba de él un sonido de llanto ahogado. Sus ojos estaban rojos y su cara pálida por el terror. De pronto pudo ver como salían de los pequeños huecos del techo y de las paredes. Eran miles y miles. Una de ellas, la más cercana a su cara, se paró en cuatro patas y con las delanteras rosaban su cara como queriendo descubrir su fortaleza ante semejante experiencia. Cuando estas estaban por atacar, comenzaron a aparecer cucarachas, millones de cucarachas. Las paredes de la habitación se cubrieron con este asqueroso insecto. Estas profirieron un sonido muy agudo y comenzó la masacre. Patas,  alas, abdómenes, cabezas se veían desparramarse por el piso y caían una tras otra de las paredes y del techo. Las malditas rechazaban la muerte inyectando su veneno mortal. En otro momento, comenzaron a aparecer víboras chicas y enormes y entraron en lucha con los otros dos bichos. Ahora corría sangre, tanta que empezó tapar el piso con un rojo bermellón, pero no llegaba al cuerpo de Leo.  En todo momento presintió que había alguien más en la habitación. No podía ver detrás de su cabeza. Pero allí estaba una mujer atada y totalmente desnuda como él con la misma posición morbosa. Ella sí pudo gritar despertándose de la pesadilla. Susana, su mujer, asustada saltó del colchón - cama a la vez trataba de calmar al marido. Con sorpresa, vieron en un rincón de la carpa como una araña  se  devoraba una cucaracha. Justo al lado, una serpiente de las venenosas movía frenéticamente su cola apuntando la cabeza a la pareja aterrada.