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viernes, 4 de agosto de 2017
miércoles, 23 de noviembre de 2016
Muchas veces las personas se entregan a cualquiera para salir de la pobreza o miseria. En este caso JACINTO, curandero y practicante de las fuerzas del mal, consigue por nada y a la vez por mucho, el alma de un Senador de la Nación
JACINTO
EL SERENO- por Martín Bunge
El
frío de la noche carcomía los huesos. Se reflejaba en el rechinar de los
dientes del sereno, que apenas cubierto con una especie de poncho, caminaba por
los caminos estrechos del cementerio. El pobre hombre aceptó el trabajo que le
diera el senador por el buen comportamiento político y de haberle acercado nada
menos que alrededor de dos mil votos. Claro, El Jacinto era un poco el brujo
del pueblo. Él había heredado de su tío abuelo, los libros que lo convertirían
en un avanzado estudiante de magia negra. Este ser no curaba con oraciones a
santos, vírgenes y cristos. Curaba invocando al demonio y con unos resultados
muy positivos. Hasta el mismo senador lo salvó de morir de un cáncer
fulminante. Diez años atrás, el político tuvo que vender su alma al demonio en
un rito magistral que Jacinto realizaría matando a dos mujeres que estaban
encarceladas por asesinar a sus concubinos a machetazos cuando estos estaban
dormidos. Primero y en vida, les había extraído los ojos y las lenguas. Luego
las fue desangrando obteniendo así los siete litros de sangre que necesitaba.
Mezcló todo y los licuó. Agregó unas cenizas de los cuerpos calcinados de las
mujeres y se lo dio a beber al senador durante siete días. Cada vez que le daba
la dosis macabra, rezaba unas oraciones en un idioma desconocido. El escenario
era como un santuario en dónde la cama del político era el altar. Estaba
rodeado de velas negras y rojas y cerca de la cama, unas parvas de víboras
negras danzaban al compás de una música extraña, nunca escuchada. Algunas, al
no poder escapar por el fuego de las velas, solo atinaba acercarse a las patas
de la cama envolviéndose a ellas y entre ellas. Otras conseguían el objetivo
del ritual de subirse a la cama y danzar sobre el cuerpo del hombre que
consiente y aterrado no intentaba movimiento. El Jacinto cantaba y rezaba y lo
maldecía tirándole sangre a la vez que
con movimientos bruscos dibujaba en el aire una especie de latigazos. Pero
habían pasado diez años de aquel rito satánico. El sujeto se curó
milagrosamente y ahora era un senador nacional que manejaba en forma cubierta y
secreta todo un país. A pesar de ser un demonio vivo, concurría a la iglesia
como cualquier cristiano. Hasta tomaba la comunión. El pueblo lo amaba sin
saber que de apoco los hacía fieles a su iglesia. La iglesia de Satán.
Esa
noche Jacinto estaba inseguro. El demonio podía curar pero no podía dar la vida
o la muerte. Él también estaba señalado como uno más a ser recluido a la
oscuridad eterna. Llegando a uno de los extremos de la estrecha calle, se le
apareció una nube blanca que lo tapó. Dentro de ella, unos gritos de dolor,
llantos, quejidos que fueron callados por una voz profunda que mágicamente
salía de la desconocida blancura diciéndole.
- -Dentro de una semana, vendrá el senador
con una gran cantidad de almas a buscarte y juntos irán al lugar ya elegido en
dónde pagarán sus culpas junto a otros como tu.-
De golpe la voz se calló y a la vez
desapareció la nube blanca y las voces que estaban dentro de ella. -
Pasó
la semana y a la misma hora del día de la aparición, el cielo se cubrió todo de
rojo. La noche se transformó en una especie de nube roja y llegó el senador con
miles de almas tomando la del Jacinto y fueron a parar a un lugar en dónde la
conciencia funcionaba perfectamente no así el cuerpo, los ojos, las lenguas ni
los oídos. El senador los llevó al silencio infinito. El mundo dejó de existir
y era una pequeña estrella más en el confín del universo.
Otro cuento de terror. pero este cuento, va un poco más allá de lo real. A veces no se entiende el comportamiento del ser humano.
LOS OJOS MUERTOS De y por Martín Bunge
Julián abrió los ojos y solo pudo ver una oscuridad
total. Una vocecita fina y apagada le salió entre la comisura de los labios. Al
escucharse, se preguntó en donde se encontraba. Recordó que se había despedido
de sus seres queridos. Fue un momento terrible para él y todos los que estaban.
También le vino a la mente la cara de su sobrina. Que le decía – NO TE MUERAS. .TÍO .NO TE MUERAS TÍO. TE AMO- Pensar que se hizo
cargo de ella cuando apenas tenía cuatro años. Ahora era una mujer de 35 con todas
las cualidades que pueda tener una bella mujer. Era la hija de su hermano Jorge
y de su cuñada Lucía. En un viaje de
vuelta que estos habían programado al Caribe por sus cinco años de casamiento,
el avión se estrelló en las costas de la isla nudista Hawksbill. Nunca fueron hallados sus cuerpos. Lloró mucho
porque amaba a su hermano y su cuñada. Julián vivía con la pareja y compartían
todo, incluido el sexo. Bueno, él se excedió y aunque fue aprobado por la
compañía de degenerados. Traía mujeres y hombres y formaba cuartetos y quintetos
y una vez la cantidad llegó a quince. O sea que fue una orgía inigualable. Con
el tiempo, ya solo y sin sus compañeros, dejó esa desviación y la tomó a su
sobrina Romina de unos 9 años en aquel entonces como una amante más. El secreto
fue guardado por los dos durante cuarenta años. Hasta que sufrió un infarto por
causa de una sobredosis de las patillas azules. Casualmente ocurrió en un viaje
que había invitado a su sobrina – amante- en un hotel de Miami. En un primer
momento le dijo no a la muerte. Urgente volvieron a Santiago del Estero y lo
internaron en una famosa clínica especialista en el corazón. Volvió a la
realidad y sintió que sus brazos y piernas se le acalambraban. Tampoco entendía
que habiendo recibido los santos oleos y perdonados los pecados se encontrara
en el infierno. El cura Manuel que lo confesó, salió de la habitación del
sanatorio con la cara desencajada. Varios le preguntaron si se sentía mal. En realidad, a pesar de ser un viejo cura y
haber sido preparado para los casos más infames, no se imaginó que podía escuchar atrocidades como de matar gente después hacer sexo
compartido y cocinarlas al horno con guarniciones. Él se encargaba de conseguir
los candidatos y candidatas que generalmente eran prostitutas de la calle o
linyeras. El proceso siempre era el mismo. Pagaba mucho dinero, los llevaba a
una estancia cerca de Termas. Se las drogaba, las bañaban y después sexo,
muerte, descuartizamiento. Por último el festín de la comida acompañada por
unos buenos vinos.
Volvió a la realidad y siguió preguntándose del
porqué toda su vida fue un desastre. Ahora que estaba en el infierno, se dio
cuenta de lo que le esperaba más adelante cuando vaya transcurriendo el tiempo.
Que castigo horrible, el de morir y volver a morir pero sufriendo. En un
momento dado, quedó como dormido. Sin darse cuenta buscó acomodar su cuerpo en
el ataúd y provocó que este se callera
del catre en que estaba ubicado, unos tres metros del piso y se hiciera trizas.
Cayó de tal manera, que hasta el latón que lo cubría se había desoldado. Pero
seguía inmóvil. Un aire fresco con olor a flores muertas le penetró por las
fosas nasales. Despertándose de golpe, profirió un grito espeluznante. Eran las
nueve de la mañana de un lunes. Dos trabajadores del cementerio pasaban
justamente por el lugar. Al escuchar el grito desgarrador hizo que comenzaran
una carrera hacia la administración. La mala suerte la tuvo el hombre mayor que no hizo cuarenta metros que le falló el
corazón muriendo en el acto. Mientras Julián todo mojado por los líquidos
químicos, trataba de salir de aquella pequeña prisión. El otro trabajador llegó
a la administración y no le salían las palabras para explicar lo que le había
sucedido. Recién ahí se dio cuenta que su viejo compañero y amigo no estaba con
él. Entro en Shock traumático. Se desmayó y lo internaron en el Hospital Regional. A Julián, le era imposible
en la posición en que estaba. Solo gritaba y gritaba. Nadie lo escuchaba. Llegó
la noche y una terrible tormenta se desató y comenzaron aparecer los fantasmas
de la conciencia. Eran como demonios que se reían a carcajadas tétricas. Estaba
rodeado de varios cajones que se encontraban en los cuatro pisos en dónde
guardaban los restos de sus ancestros. Gritaba más fuerte que nunca. Su misma
conciencia le salió al paso y una voz conocida de decía
-Julián. Aquí nos encontramos los muertos que
vivieron en paz y haciendo el bien- Vete de acá demonio- Y volvió a escuchar la
risotada que la reconoció como del mismo lucifer. A la mañana, bien temprano,
llegó hasta la bóveda su amada sobrina y abriendo el candado entró al recinto.
Otro grito terrible fue el que profirió Romina. Esta calló desmayada y su
cabeza dio contra un saliente de un pequeño altar, quedando muerta en el acto.
De casualidad, cerca del mediodía, uno de los oficinistas fue buscarla y se
encontró con el tétrico panorama. Pasó un día y todos los diarios, canales de
televisión, radios del país y del mundo hablaban de una orgía entre muertos que
había sucedido en la capital de la Provincia de Santiago del Estero. Entre sus
comentarios decían que un muerto había resucitado y desnudo lo habían
encontrado encima de su sobrina que mostraba unas piernas perfectas y sin ropa
interior. Sus ojos miraban la cara de Julián y este, también con la vista fija,
la miraba a ella pidiendo alguna explicación de lo que estaba viviendo.
miércoles, 11 de junio de 2014
Un cuento de amor entre dos personas que se enamoran de sus voces
Una forma de conocer a quién sería el amor de toda una vida- Espero que les guste.
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Cuento fantástico
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